Grupo 1. El impacto sobre la salud del cambio climático

El aumento de la mortalidad por olas de calor y otros fenómenos meteorológicos extremos, cambios en el rango geográfico y la incidencia de enfermedades infecciosas sensibles al clima, aumento de la morbilidad y mortalidad por mala calidad del aire y otros impactos en la salud requerirá la modificación de los actuales programas de salud pública.

 

En muchas zonas urbanas, el cambio climático contribuirá a la mala calidad del aire que puede conducir a un aumento de casos de asma, EPOC, bronquitis aguda, dolor de pecho y otras enfermedades cardio-respiratorias.
 

Además, el cambio climático, entre otros efectos, contribuye a alterar la distribución geográfica de la encefalitis por garrapatas, del dengue y de la malaria, siendo esta última también influenciada por los efectos climáticos de El Niño. Se prevé que en África la distribución de la malaria alcanzará nuevas regiones y su periodo de transmisión se alargará.
 

Pero también, el cambio climático supone nuevos riesgos para numerosos colectivos de personas que trabajan al aire libre expuestos a altas temperaturas e inclemencias climatológicas en la agricultura y ganadería, en las obras de infraestructuras, en los aeropuertos o en la construcción de edificios, entre otros.
 

Y también para quienes trabajan con animales y seres vivos -cuyas pautas de enfermedad varían con los cambios ambientales- que ven aumentar los riesgos asociados a la zoonosis.
 

El conocimiento sobre alergias, vectores y otras enfermedades debe servir para anticiparse al aumento de las demandas de atención médica, del mismo modo que se puede utilizar cualquier información sobre el cambio climático o las vulnerabilidades de salud a nivel comunitario para ampliar, adaptar y formar a profesionales en estos ámbitos específicos.
 

Igualmente, los programas de capacitación podrían mejorarse para garantizar la protección y atención adecuadas de los pacientes con necesidades especiales (por ejemplo, bebés y niños).
 

Además, la información sobre la expansión del rango de enfermedades específicas que pudieran conocerse a través de evaluaciones e informes de ámbito nacional o regional pueden utilizarse para llevar a cabo pruebas rápidas, diagnósticos, tratamiento o vigilancia de esas enfermedades con el objetivo de proteger la salud.
 

Se considera igualmente, la elaboración o mejora de los actuales programas de vigilancia y control, así como estudios epidemiológicos, de enfermedades producidas por contaminantes atmosféricos susceptibles de incremento o programas de vigilancia y control de las enfermedades de transmisión vectorial.
 

Por último, se debe considerar la promoción de equipos de investigación multidisciplinares, tales como veterinaria, epidemiología, entomología, zoología, medicina, etc., así como la revisión de parámetros actuales de calidad del agua de consumo humano, como medida ante el mayor impacto de la sequía.