La vacuna de la gripe ¿debilita la respuesta inmune?

Falso.

 

Las vacunas ayudan a desarrollar inmunidad al imitar una infección. No obstante, ese tipo de infección no provoca enfermedad, pero sí hace que el sistema inmunitario produzca linfocitos T y anticuerpos.

 

A veces, después de aplicar una vacuna, la imitación de la infección puede provocar síntomas menores, como fiebre. Esos síntomas menores son normales y previsibles mientras el cuerpo desarrolla la inmunidad. Una vez que la imitación de la infección desaparece, al cuerpo le queda un suministro de linfocitos T de “memoria” y también de linfocitos B que recordarán cómo combatir esa enfermedad en el futuro. Sin embargo, el cuerpo suele tardar algunas semanas en producir linfocitos T y linfocitos B después de la vacunación. Por lo tanto, es posible que una persona que contrajo una enfermedad por infección justo antes o justo después de vacunarse desarrolle síntomas y contraiga la enfermedad, porque la vacuna no tuvo suficiente tiempo de brindar protección.

 

Algunas personas creen que la inmunidad adquirida naturalmente -la inmunidad por tener la enfermedad en sí- es mejor que la inmunidad que aportan las vacunas. Sin embargo, las infecciones naturales pueden provocar complicaciones graves y ser mortales. Esto es así incluso con enfermedades que la mayoría considera leves.

 

Las vacunas reducen en gran medida el riesgo de infección al trabajar con las defensas naturales del cuerpo para desarrollar de manera segura la inmunidad a una enfermedad